ENSEÑANZAS DEL CORONAVIRUS

Clemente Errázuriz • Florencia Mujica • Francisca Retamal

2020 JUNIO

Durante los últimos meses del año pasado presenciamos el inicio de la propagación del virus Covid-19. Lo que en un principio pareció ajeno y lejano, no tardó en generar efectos tangibles que alteraron por completo la manera en que hemos aprendido a relacionarnos como sociedad y con el entorno. Pocos hubiesen imaginado a miles de personas alrededor del mundo permaneciendo meses encerradas en sus casas para evitar contagios, viendo la propagación continua e inevitable de una enfermedad que ha colapsado sistemas de salud y ha arrebatado tantas vidas. En la mente de cada persona que mira por su ventana las calles vacías y las aceras silenciosas, resuena el contraste con aquellas ciudades desbordadas de autos y personas que hasta hace poco parecían lo único real. Quizás la única certeza que guardamos es la universalidad del daño. La crisis mundial no conoce fronteras, razas, ni religiones.

Quizás las manifestaciones más tangibles de la pandemia se pueden sentir en lo cotidiano. Muchos trabajos y estudios han pasado a realizarse de manera remota. Pasamos más horas que nunca mirando una pantalla, y los límites entre la vida privada y la laboral se hacen cada vez más difusos. El contacto con otras personas se ha visto limitado a aquellos con quienes convivimos. La distancia física con nuestros amigos o compañeros de trabajo y estudio reconfigura todas las relaciones. Con las puertas cerradas, nuestro mundo se ha limitado a nuestra propia casa. Sin embargo, las nuevas condiciones de vida nos han otorgado también nuevas oportunidades para hacer actividades y juegos que normalmente no teníamos tiempo de hacer.

Más allá de nuestras casas, hemos visto cómo algunas ciudades del mundo se han visto totalmente pausadas debido a las cuarentenas obligatorias. Las calles, prácticamente vacías, parecen las ruinas de lo que fue el tránsito peatonal. El transporte público se ha reducido a un mínimo, metro, micros y colectivos circulan casi sin usuarios. Las líneas de las filas trazadas en el piso frente a supermercados y bancos construyen una nueva manera de habitar la ciudad. La distancia parece ser el nuevo mandato universal de comportamiento.

También, a nivel medioambiental, podemos distinguir impactos significativos de la actual crisis sanitaria. La mejora en la calidad del aire de distintas ciudades ha destapado en el horizonte figuras montañosas que se habían vuelto lejanas. Las calles vacías han tentado el regreso de algunos animales al espacio urbano. Este respiro que le hemos entregado a la naturaleza, nos invita también a reflexionar sobre nuestra forma de habitar la Tierra. El origen y la propagación, tanto de este virus particular como de otras epidemias ocurridas en la historia, tienen directa relación con la forma en que nos relacionamos con las especies silvestres y sus hábitats (BBC, 2020). Como mencionan los docentes Francisco Urquiza y Bruna Garretón de la Cátedra de Sustentabilidad de la Pontificia Universidad Católica de Chile, esta crisis parece ser un “primer capítulo” de lo que significa realmente la crisis medioambiental que nos afecta hoy y que seguirá afectando el futuro si no actuamos con la urgencia que se requiere.

Actividades Sustentables en Tiempos de Coronavirus

Hemos aprendido que este quiebre en nuestra cotidianidad nos ha dado la oportunidad para la concientización y el desarrollo de iniciativas sustentables desde el hogar…

A partir del confinamiento, ha aumentado el interés por los temas medioambientales. Mucha gente ha tenido, al fin, tiempo para replantearse su consumo, reflexionar sobre el cambio climático, participar en charlas y talleres online, leer papers, ver documentales, entre otras iniciativas. Mucha de esta motivación nace a raíz de lo expuesto en los medios de comunicación. Por una parte, el confinamiento parece generar un efecto positivo en los ecosistemas. Los cielos sin contaminación y los animales que aparecen en las ciudades parecen ser los primeros testigos de este cambio. Por otra parte, ciertas teorías indican que muchas enfermedades pueden provenir de los animales (Zoonosis).

Sin embargo, las reflexiones incitadas por el coronavirus y el medioambiente no quedaron ahí. Un gran número de personas ha comenzado a realizar nuevas actividades beneficiosas para el entorno y la salud humana. Según indica una encuesta desarrollada por nuestra fundación, como lo muestra el Gráfico 1, el 61% de las personas interrogadas han hecho por primera vez alguna de las siguientes actividades: reciclaje (27%), hacer un huerto en casa (18%), hacer artículos de limpieza y aseo (15%) y comenzar una dieta vegetariana o vegana (15%). Se suman también, en menor medida, hacer ecoladrillos, compostaje y asistir a charlas virtuales, entre otros.

Gráfico 1: Actividades iniciadas post llegada del Covid 19

Las motivaciones para realizar estas actividades son varias. A las ya mencionadas anteriormente, se suman el deseo de algunos por alcanzar un mayor nivel de autosustentabilidad. También existe cierto temor a que los distribuidores se queden sin productos. Otros, simplemente han tenido un tiempo para hacer, por primera vez, algunas actividades que pueden resultar una buena manera de distraerse y entretenerse.

De izquierda a derecha, fotografías por Bernard Hermant en Ubud, Indonesia, Jayson Hinrichsen y Hamza Javaid en Jakarta, Indonesia.

Actividades como la confección de huertos en casa han tenido un gran desarrollo, principalmente en cuanto resultan un buen pasatiempo y una fuente autónoma de alimentos para quienes buscan sostenerse a partir de su propia cosecha. Lo anterior, se hace evidente en una entrevista realizada a la Asociación de Viveros de Chile, en la cual mencionan que la venta de almácigos ha aumentado a tal nivel que se han quedado sin stock varias veces. Esto ha significado un problema para los consumidores, a quienes se les ha hecho más difícil encontrar hortalizas para cultivar (Portal Frutícola). A raíz de esto, muchos han buscado alternativas para hacer un huerto, ya sea sembrando o viendo blogs y páginas que explican cómo hacer huertos con las verduras que se consumen diariamente.

Por otro lado, algunos han decidido cambiar sus hábitos alimenticios, probando alternativas vegetarianas o veganas. Esto se relaciona con una mayor preocupación por su alimentación y por nuestra relación con el entorno. Según una encuesta realizada por The Vegan Society, 1 de cada 5 personas en Reino Unido han reducido el consumo de animales debido al Covid-19. Más aún, un 15% de la población de este país ha disminuido su ingesta de lácteos o huevos. Esto se debe en parte a no encontrar el alimento de preferencia en los supermercados (41%) o, en mayor medida, a motivos de salud, ambientales o a motivos relacionados a derechos de los animales (Vegan Society).

A pesar de que en estos tiempos el nivel de reciclaje ha aumentado dentro de las casas, esta práctica está experimentando una serie de desafíos a nivel global. La mayoría de las plantas recicladoras, negocios y oficinas se encuentran actualmente cerrados. Las restricciones de desplazamiento, a su vez, dificultan significativamente el acceso a puntos limpios. Finalmente, los recicladores se exponen diariamente en sus labores, poniendo en riesgo su salud (El Mostrador).

Fotografía por Jasmin Sessler en Tübingen, Deutschland.

El cambio en las condiciones sociales, económicas, familiares y urbanas nos ha impulsado a replantearnos la forma en que, hasta ahora, hemos vivido. Cuánto y qué consumimos, qué desechamos a diario, todo parece estar expuesto a cuestionamientos y nuevas propuestas. Al tener tiempo, podemos buscar alternativas para consumir y desechar menos. Estos días nos parece posible disminuir nuestro consumo realizando huertos en casa, lo que nos permite monitorear personalmente el crecimiento de nuestros alimentos y hacernos conscientes de los cuidados que requieren. Más aún, podemos hacer nuestros propios shampoos o detergentes, y generar así menos desechos y químicos contaminantes. Podemos disminuir nuestros desechos a partir de prácticas como el reciclaje, compostaje y ecoladrillos donde a casi todo se le encuentra un segundo uso. De esta manera, aún en medio de la incertidumbre de este proceso social, con pequeños actos nos es posible hacer de este planeta un lugar mejor. •

Cambios en el Transporte

Hemos aprendido que medios no motorizados de transporte como la bicicleta pueden ser una gran herramienta para enfrentar diversas crisis…

La pandemia también ha tenido potentes impactos en el área del transporte. El lunes 18 de mayo, primer día hábil de la cuarentena total vigente para 38 comunas de la Región Metropolitana, se registró la mayor baja de viajes en el transporte público desde que comenzó la crisis sanitaria. Se produjo una caída del 86% en las validaciones respecto a las que hubo el lunes 9 de marzo, último día hábil antes de que comenzaran las cuarentenas y otras medidas de restricción (El Mostrador). El transporte público puede ser un foco importante de contagios debido a las aglomeraciones que se generan, por lo cual se han implementado también otras medidas diversas para reducir el riesgo. Entre ellas se cuentan ciertos ajustes en los horarios y recorridos, la sanitización permanente de trenes y buses, y la vacunación de los conductores.

Ante tal situación, la bicicleta ha aparecido como una excelente alternativa en distintas ciudades del mundo. En Chile, el alza en su uso comenzó con el estallido social, período en el cual la circulación del transporte público y de autos se vio limitada, lo que significó un aumento de 10% en el uso de este medio no motorizado en la capital los últimos meses de 2019 (El Mostrador). Ahora, la pandemia ha significado un nuevo aumento sustancial en la circulación de ciclistas alrededor de muchos países del mundo. Incluso la OMS ha recomendado este medio de transporte como una opción más segura y saludable en el contexto actual debido a que evita aglomeraciones, permite ventilación y exposición al sol. Además, entrega a las personas la posibilidad de hacer ejercicio, mejorando su salud. Nuestro país ha sido manifestado de igual manera estas tendencias. En el caso de la comuna de El Bosque, por ejemplo, se estima que el uso de la bicicleta ha crecido al menos un 20% este último tiempo.

A pesar de los beneficios de la bicicleta, su uso no está exento de riesgos. En la medida en que las calles se han visto más vacías y el control policial se ha reducido, se ha presenciado un aumento en la velocidad de los automóviles en varias ciudades, mediado también por la ansiedad de los usuarios en la actualidad por llegar a sus destinos. Debido a esto se hace necesario habilitar pistas exclusivas para bicicletas.

Diversas ciudades han optado por esta medida, así como por la ampliación de las ciclovías. Para dar algunos ejemplos, en Bogotá 100 km de calles han sido convertidos en carriles temporales para bicicletas. En ciudades como Lima, Budapest, Berlín, y Quito se han implementado, de igual manera, nuevas redes de ciclismo para ampliar los tramos de ciclovías y los carriles exclusivos de bicicletas y peatones.

En el caso de Santiago, el Ministerio de Transporte junto a la Municipalidad de Las Condes lanzaron el Plan de Ciclovías Tácticas Covid-19 en dicha comuna, ante la disminución de flujos vehiculares. Este plan busca habilitar espacios temporales de circulación para medios no motorizados y así descongestionar el transporte público y evitar aglomeraciones que puedan resultar en más contagios. El proyecto comenzó a implementarse con una pista temporal de 1,5 km de extensión en la pista vehicular norte de Presidente Riesco.

Sin embargo, como señala el fundador de la Red Nacional de Convivencia Vial, Henry Herrera, sería beneficioso extender estas medidas más barrios y comunas. Considerando que existen estudios de emplazamiento de ciclovías en casi todas las comunas, Herrera considera que este contexto podría ser el momento indicado para ponerlos a prueba. Con un nivel muy bajo de inversión, estas “ciclovías tácticas” transitorias podrían unir puntos clave de cada comuna, para así conectarlas con el resto de la ciudad. Lo anterior se hace viable con el espacio disponible que existe actualmente. En este sentido, la situación actual es una gran oportunidad para generar más espacios para las bicicletas y los peatones.

Es sumamente relevante que la planificación urbana permita y fomente en mayor medida los medios de movilización no motorizados a través de la ampliación de ciclovías y de, por ejemplo, el ensanchamiento de veredas. Más aún, es importante buscar medidas que sean capaces de trascender la crisis sanitaria actual y formulen nuevas maneras de transitar el espacio urbano. Los datos de la OMS y del Ministerio del Medio Ambiente de Chile indican que en nuestro país mueren entre 3.500 y 11.000 personas cada año por enfermedades respiratorias producto de la contaminación ambiental, principalmente niños, niñas y ancianos (El Mostrador). Por lo mismo, reducir la quema de combustibles fósiles, que perjudican nuestro medioambiente y la salud de las personas, resulta urgente y necesario.

Fotografía por Tommaso Pecchioli en Firenze, Italy.

Considerando lo anterior, este contexto ha significado una gran oportunidad que muchas ciudades han aprovechado para rediseñar el espacio público y vial. De tal manera, se busca construir formas de habitar y transitar que puedan ser resilientes ante las diversas crisis actuales y futuras como la sanitaria y la medioambiental. Al mismo tiempo, sería óptimo que diseñaran ciudades más limpias y sanas que permitan, a la vez, el tránsito de autos y otros vehículos motorizados y la interacción entre personas de manera fluida y sustentable. •

Rol de los Gobiernos y las Grandes Instituciones

Hemos aprendido la importancia del rol de los gobiernos y las grandes instituciones en crisis globales…

En tiempos de crisis globales, los gobiernos cumplen un rol clave en el manejo y gestión de estas. Los gobiernos tienen la capacidad de dar órdenes y orientaciones que afectan el comportamiento de las personas. Sin embargo, hemos visto lo que cuesta alertar a la gente de los riesgos del coronavirus y motivarlos a tomar medidas preventivas. Por lo mismo, nos hemos dado cuenta de lo determinantes que pueden ser ciertas políticas estatales en el devenir de un país en un contexto de crisis.

Un tiempo de reacción rezagado puede tener consecuencias nefastas e irreversibles. Ese fue el caso de muchos países que no le tomaron el peso a la crisis del coronavirus y sintieron que la podían enfrentar fácilmente. Resulta curioso pensar que esto ha ocurrido principalmente en los llamados países “desarrollados”, que se arriesgaron a especular sobre los niveles de respuesta de su sistema de salud. Lo preocupante es que esta parece ser la misma actitud que, en el último tiempo, muchos países han tenido frente al problema climático. Se ha tratado de pensar que gran parte de este problema climático es consecuencia natural de los hechos y, por tanto, que la solución no viene por un cambio en nuestras conductas y patrones de consumo. Ojalá no tengamos que esperar el día que se torne irreversible para probar que estaban equivocados.

En el ámbito epidemiológico, se ha usado frecuentemente el concepto de la paradoja de la prevención para conceptualizar los bajos esfuerzos que ponemos para evitar enfermedades. Según esta lógica, ante la dificultad de poner en práctica la prevención, tendemos a buscar soluciones a la enfermedad luego que ya ha ocurrido. Para entender esta paradoja, es razonable pensar que nos inclinamos a rechazar la prevención, ya que si esta funciona, el éxito es invisible, por lo que la sensación de recompensa por el esfuerzo no se aprecia. En cambio, si no la realizamos, las consecuencias de la enfermedad son visibles y, por tanto, sabemos exactamente en qué estamos invirtiendo nuestros esfuerzos.

Fotografía por Markus Spiske en Nürnberg, Deutschland.

En general, nos guiamos por la recompensa tangible de una acción. Nos cuesta ver lo positivo de una acción que solo previene algo dañino. Esto podría ser una buena explicación de la falta de acción de muchos por el cambio climático. El dinero y esfuerzo invertido en prevención no serán recompensados individualmente. Para que la prevención funcione, se debe realizar de manera conjunta y coordinada. De ahí nace la relevancia de los gobiernos y las grandes instituciones que son capaces de coordinar a la gente por un objetivo común.

Entonces, ¿Qué se puede hacer para motivar la prevención de crisis globales tales como la climática? Cambios en nuestras conductas y hábitos pueden tener una importante influencia en aquellas industrias contaminantes como la petrolera o alimenticia. Estas llevan muchos años despreocupadas del problema medioambiental, pero comenzarán a preocuparse en el momento que les exijamos cambios y que nuestros patrones de consumo sustentables no se adecuen a sus forma desprestigiada de producir. Para lograr que la presión sea significativa debe existir una acción coordinada y organizada. Si bien podemos hacer sacrificios personales por reducir nuestra huella de carbono, para lograr la transformación con la rapidez que la crisis climática nos exige en este momento se deben realizar importantes cambios estructurales. Los gobiernos tienen la magnitud institucional que permite redireccionar las políticas económicas y sociales de un país. Pero también debe existir una acción conjunta a nivel global, a través de acuerdos que nos obliguen a cumplir metas de descarbonización de las economías. En vez de competir por la producción armamentística, debemos pensar en una competencia por el desarrollo sostenible. Es es la verdadera carrera que enfrentamos como especie.

La crisis del Coronavirus ha afectado fuertemente la actividad económica y, en consecuencia, muchos sectores productivos se han estancado. Esto ha generado la necesidad de que los gobiernos apoyen económicamente a empresas de manera de prevenir su quiebra y la pérdida masiva de empleos. Gran parte de las empresas que se han visto afectadas se relacionan con sectores de gran impacto medioambiental, tal como las empresas petroleras y las aerolíneas. Es así como ha surgido una gran oportunidad para los gobiernos de estimular la actividad de estos sectores, pero bajo ciertos compromisos medioambientales. Sería sensato pensar que el gobierno apoye a ciertas industrias estratégicas en términos de empleo y producción, pero al mismo tiempo exija compensaciones a cambio. Estas recompensas podrían estar relacionadas con compromisos de reducción de emisiones y de hacer una transición hacia una mayor responsabilidad medioambiental. Estas compensaciones resultan una posibilidad real para que las empresas se comprometan a enfrentar la crisis climática. Existen incentivos por ambos sectores; las empresas, por un lado, necesitan la ayuda financiera, y los gobiernos, por el otro, tienen la posibilidad de invertir en una crisis climática que cada vez se torna más costosa. Puede ser adecuado pensar, por lo tanto, que es el momento oportuno para comenzar a realizar grandes cambios para prevenir el agravamiento de la crisis climática. •

Conclusión

Si bien el coronavirus ha sido perjudicial para todos, debemos rescatar las enseñanzas que nos dejará y los desafíos que nos presenta. Sin duda esta crisis marcará un punto de inflexión en la historia de la humanidad, obligándonos a reconocer humildemente nuestra vulnerabilidad como especie. Podemos tener complejos s i stemas sociales y tecnologías muy desarrolladas, pero se nos olvida que somos, en esencia, seres interdependientes de nuestro medioambiente, y que este responde hacia nosotros según cómo nos vinculemos con él. Como hemos visto a lo largo de este informe, las personas nos hemos visto forzadas a cambiar nuestras actividades y formas de ver el medio. Nos sentimos más vulnerables a los cambios de nuestro entorno y sus efectos, por lo que algunos hemos avanzado hacia formas más sustentables de vida, ya sea con la construcción de huertas domésticas, cambios en nuestros medios de transporte, interés por los temas medioambientales, etc.

La pandemia actual ha desnudado la interconexión entre distintas crisis. Tal como se ha expuesto anteriormente, la crisis sanitaria está estrechamente vinculada con la crisis medioambiental, pero también ha puesto en evidencia la crisis social y las desigualdades de condiciones materiales. No todas las personas pueden teletrabajar para asegurar la continuidad de sus ingresos o acceder a los buenos sistemas de salud, muchos deben elegir entre la hambruna y la exposición al contagio. Más aún, parece ser que el funcionamiento económico global ha ido desnudando falencias y quiebres en su estructura.

El sistema de mercado nacional se encuentra en un frágil equilibrio que es fácilmente desestabilizable por fenómenos como el actual. Este, además, se sostiene a partir de un modelo de consumo de recursos naturales que no es sostenible a largo plazo. A partir de esto, se ha vuelto trascendental el papel de los gobiernos en su posibilidad de tomar medidas integrales que regulen el modo de enfrentar, a un mismo tiempo, los distintos aspectos de la crisis. Si una actitud gubernamental activa puede dar inicio a una nueva forma de afrontar los conflictos globales, una actitud pasiva puede terminar por acrecentar las grietas sociales, económicas y ecológicas que la pandemia ha sacado a relucir.

La crisis del coronavirus es conocida por todos y pocos pueden rechazar su gravedad, sin embargo, no ha ocurrido lo mismo con la crisis climática. Esta última es visible, pero sólo para aquellos que quieren ver la realidad. Muchas personas aún no le toman el peso a la gravedad de la erosión antropogénica en el medioambiente. El riesgo que parece lejano a primera vista parece poco relevante para muchos. Sin embargo, lo que en primera instancia parece lejano puede acercarse a pasos agigantados y tomarnos por sorpresa. Los márgenes de acción se agotan, por lo que debemos actuar lo antes posible. Y lo podemos hacer. La crisis de salud actual nos ha demostrado que si nos proponemos metas concretas podemos lograr revertir problemas de raíz. El poder de cambio lo tenemos, solo falta hacernos creer que el cambio se necesita ahora.

Entre todos los problemas mencionados, algo en el quiebre de nuestros modos de vida ha sugerido una capacidad insospechada como sociedad para realizar cambios rápidos y drásticos, que nos permite adaptarnos a nuevas situaciones. Un escenario apocalíptico es quizás el momento más idóneo para comenzar a reconfigurar las dinámicas en que habitamos el espacio natural, el espacio urbano y el espacio privado. Quizás el distanciamiento social pueda permitir nuevas formas de comprender el sentimiento de comunidad y las responsabilidades interdependientes de los sujetos en el colectivo. Quizás el quiebre en el sistema de mercado pueda permitirnos plantear nuevas maneras de relacionarnos económicamente, con garantías más democráticas y modelos de producción más sustentables. Quizás las calles vacías nos permitan modelar nuevas formas de conectarnos y habitar la ciudad. Quizás en las huertas y el compostaje surjan nuevas formas en que el individuo se relaciona con los productos que consume y su dependencia recíproca con el medioambiente. En fin, quizás la crisis sea el espacio en el que podamos imaginar una forma más armoniosa de habitar la tierra. •

Referencias

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