Un problema que cabe en la palma de tu mano
Las colillas de cigarro y los microplásticos son dos de los contaminantes más subestimados del planeta. No tienen el dramatismo visual de un derrame de petróleo ni la escala aparente de un vertedero industrial. Pero su impacto acumulado sobre los ecosistemas acuáticos, la biodiversidad y la salud humana es devastador — y está respaldado por cada vez más evidencia científica.
Si trabajas en un área de ESG, sostenibilidad o responsabilidad social, entender por qué estos residuos son críticos te va a ayudar a justificar acciones concretas dentro de tu empresa. Porque la buena noticia es que este es un problema donde el voluntariado corporativo puede generar impacto real, medible e inmediato.
Colillas de cigarro: el residuo más arrojado del mundo
Puede parecer exagerado, pero las colillas de cigarro son consistentemente identificadas como el residuo sólido más frecuente en limpiezas de playas y espacios públicos a nivel global. Cada año se producen miles de millones de colillas que terminan en calles, parques, ríos y costas.
¿Por qué son tan dañinas? Porque una colilla no es solo papel y tabaco. El filtro está hecho de acetato de celulosa, un tipo de plástico que puede tardar entre 10 y 15 años en degradarse. Y durante ese proceso, libera al ambiente las sustancias tóxicas que absorbió durante la combustión del cigarro: nicotina, alquitrán, arsénico, plomo, cadmio, entre otras.
Una sola colilla puede contaminar entre 8 y 50 litros de agua, dependiendo de las condiciones. Cuando llueve, las colillas en veredas y calles son arrastradas por el agua hacia los sistemas de alcantarillado, ríos y eventualmente el mar. Ahí, los compuestos tóxicos se liberan y afectan a organismos acuáticos, desde microalgas hasta peces.
Para dimensionar la escala: en la brigada de recolección de colillas que Fundación Mapeko realizó en 12 regiones de Chile durante 2024/2025, más de 900 voluntarios recolectaron aproximadamente 170.000 colillas. Eso equivale a haber evitado la contaminación de cerca de 85 millones de litros de agua — el consumo diario de unas 850.000 personas.
Y eso fue en un solo país, en una sola campaña.
Microplásticos: invisibles pero omnipresentes
Los microplásticos son fragmentos de plástico menores a 5 milímetros. Provienen de dos fuentes principales: la degradación de plásticos más grandes (botellas, bolsas, envases) que se fragmentan con el sol, el oleaje y la abrasión; y los microplásticos primarios, que se fabrican intencionalmente en ese tamaño (como las microperlas de algunos cosméticos o las fibras sintéticas que se desprenden al lavar ropa).
Lo alarmante de los microplásticos es que están en todas partes. Se han encontrado en el agua potable, en la sal de mesa, en el aire que respiramos, en los peces que consumimos y hasta en la placenta humana. Su tamaño microscópico hace que sean prácticamente imposibles de recoger una vez que llegan al océano.
En las playas, los microplásticos se mezclan con la arena y son ingeridos por aves, peces y otros organismos marinos que los confunden con alimento. Esto provoca bloqueos digestivos, desnutrición y muerte en muchas especies. Además, los microplásticos actúan como “esponjas” que absorben otros contaminantes presentes en el agua, concentrándolos y amplificando su toxicidad.
La conexión entre colillas y microplásticos
Aquí es donde el problema se vuelve aún más grave: las colillas de cigarro son en sí mismas una fuente importante de microplásticos. Cuando el filtro de acetato de celulosa comienza a degradarse, se fragmenta en miles de microfibras plásticas que se dispersan en el agua y el suelo.
Esto significa que cada colilla que no se recoge no solo contamina con químicos tóxicos, sino que eventualmente se convierte en miles de partículas de microplástico que entran en la cadena alimentaria marina. Es un problema que se multiplica exponencialmente con el tiempo.
¿Por qué esto importa para las empresas?
Desde una perspectiva ESG, tanto las colillas como los microplásticos están en el radar de reguladores, inversionistas y consumidores. La contaminación plástica es uno de los temas ambientales con mayor visibilidad mediática y regulatoria en América Latina y el mundo.
Para las empresas, esto abre dos frentes de acción. El primero es reducir su propia contribución al problema (políticas de espacios libres de humo, reducción de plásticos de un solo uso en operaciones). El segundo es contribuir activamente a la solución a través de acciones directas como jornadas de limpieza y recolección.
Las actividades de recolección de colillas y limpieza de playas son especialmente atractivas para el voluntariado corporativo porque generan resultados inmediatos y cuantificables: cada colilla recogida se puede contar, cada kilo de basura se puede pesar, y el impacto se puede traducir a métricas que tienen sentido para un reporte de sostenibilidad.
Lo que puedes hacer desde tu empresa
No hace falta esperar una regulación para actuar. Organizar una jornada de recolección de colillas o limpieza de playas es una de las formas más directas de generar impacto ambiental real y, al mismo tiempo, fortalecer el compromiso del equipo con la agenda de sostenibilidad.
Lo importante es que la actividad esté bien diseñada: con medición rigurosa, trazabilidad de lo recolectado, un componente educativo que explique el problema a los participantes, y un informe posterior que documente el impacto.
En Fundación Mapeko, hemos organizado más de 64 jornadas de recolección de colillas y 37 limpiezas de playas, recolectando más de 330.000 colillas y 1.560 kg de basura con la participación de más de 2.400 voluntarios. Cada jornada incluye taller educativo, cobertura audiovisual y un informe de impacto con trazabilidad completa.
¿Quieres organizar una jornada de voluntariado corporativo?
Nosotros nos encargamos de todo. Diseñamos y ejecutamos recolecciones de colillas y limpiezas de playas con medición, trazabilidad e informe de impacto. Tu equipo solo tiene que participar.
¿Prefieres hacerlo internamente? También te asesoramos en todo el proceso — desde la metodología de recolección hasta el reporte final.